Babiano Abogados
170203-Babiano abogados-37.jpg

Blog

Artículos y Actualizaciones Legales

¿Que hacemos con Cataluña?

Comencé a escribir este artículo un martes 3 de octubre después de asistir al bochornoso espectáculo acaecido en Barcelona el pasado domingo y mientras dura una huelga general en Cataluña para “solicitar la democracia”. Tengo que reconocer que mi primera reacción fue pensar que estos acontecimientos habían dejado en estado de choque al Gobierno. Sin embargo hoy, a 7 de octubre, y reflexionando ya en frío, creo que el Gobierno lo está haciendo magníficamente bien y me explicaré.

Resulta claro que la línea escogida por los políticos independentistas catalanes conduce a Cataluña al abismo y la política del Gobierno es muy simple: dejemos que Cataluña caiga en el abismo. Es una bonita manera de, en primer lugar, dejar en el más completo de los ridículos a estos políticos pachangueros y, en segundo lugar, demostrar a todo el mundo (incluso a los nacionalistas más recalcitrantes) que con la vía independentista en contra de España únicamente van a encontrar la ruina.

Porque la declaración unilateral de independencia que pretenden va a ser en todos los casos una declaración retórica que no van a poder poner en práctica (el pobre de Mas -- como lo denomina brillantemente un famoso articulista-- ya ha declarado que Cataluña no está preparada). Porque ¿Se imaginan ustedes al Ejército español abandonando voluntariamente el espacio catalán? ¿Creen ustedes que los funcionarios de Hacienda van a dejar sus puestos y ordenadores al primero que venga? ¿Realmente alguien piensa que se va a dejar en manos de estos políticos pachangueros las infraestructuras que hacen funcionar la Comunidad Autónoma? ¿Es que ahora los Jueces se van a ir de sus despachos catalanes voluntariamente para dejar entrar a los nombrados por estos pachangueros? ¿Es que van a levantar una Aduana como la de Gibraltar?

En consecuencia, no existe una real preocupación (más allá de los símbolos y emociones de cada uno) de que Cataluña se independice efectivamente de España. Lo que sí ocurrirá es que el mundo empezará a darse cuenta de que todo el “ruido” formado por los políticos pachangueros catalanes es un puro engaño que no tiene nada que ver con la realidad. Y esto ya ha comenzado de la manera que más les puede doler: perdiendo centenas de millones de euros de la forma más sencilla. El mero hecho del cambio de los domicilios sociales de las grandes empresas catalanas, que parece algo fútil, implica que tales empresas van a dejar de pagar sus impuestos en Cataluña pasando a ingresarlos en las diferentes localizaciones donde han ubicado sus nuevos domicilios sociales. ¡Y esto no ha hecho más que empezar! Seguirán Seat, Toyota, Sony, Volkswagen, etc.

Por tanto, lo inteligente es seguirlos empujando hacia el abismo donde terminarán cayendo a no ser que retiren la declaración unilateral de independencia lo que les supondrá el mayor y espantoso de los ridículos que se hayan podido hacer en el mundo en los últimos años. Hasta cierto punto, sería muy conveniente para España que estos pachangueros siguieran adelante y se arrojaran voluntariamente al abismo. Creo que sería la mejor vacuna para este nacionalismo trasnochado y medieval ya que la gente se daría cuenta de la locura que ello supone.

La demostración empírica de que lo que pretenden estos estúpidos políticos catalanes es realmente una pachanga, no va a tardar muchos días en producirse una vez que se realice la declaración de independencia. De ahí que sería conveniente dejarlos freírse durante algunos días. Y una vez que hubiera quedado claro que nada de lo prometido era cierto, habría que pasar a la acción pero no antes.

Demostrada en la práctica la utopía de la independencia catalana, sería el momento de la aplicación del artículo 155 de la Constitución y, posiblemente, la declaración del estado de excepción. Mediante el primero se inhabilitaría a todo el gobierno de la Generalidad y la Comunidad Autónoma catalana pasaría a ser administrada por el Gobierno central.

El estado de excepción regulado en la Ley Orgánica 4/1981 permitiría poner cierto orden en la administración catalana (alguna de las medidas previstas en dicha Ley son suspender todo tipo de publicaciones, emisiones de radio y televisión; suspensión del cargo de funcionario o personal público que favoreciese con su conducta la actuación de los elementos perturbadores del orden, etc.).

Y junto con todo lo anterior, iniciar los correspondientes procedimientos penales contra todas las personas implicadas en la pachanga una vez ya destituidos de sus cargos conforme al artículo 155 y sin posibilidad de hacer más daño a nadie.

La aplicación del artículo 155 de la Constitución debería realizarse durante el tiempo suficiente para que los Tribunales de Justicia (siempre lentos aunque siempre llegan) pudieran empezar a aplicar la ley a todos estos pachangueros.

El resultado por tanto sería que se habrá demostrado la utopía de una Cataluña independiente y que quien no respeta la ley sufre las consecuencias previstas en la ley.

Es por ello que he manifestado al principio de mi artículo que creo que el Gobierno lo está haciendo magníficamente bien y ello explicaría la “tranquilidad” con la que se lo está tomando el Presidente del Gobierno.

Finalmente, y una vez restablecida la normalidad, sería urgentísimo reformar por un lado la Ley Electoral para que la representación de las Comunidades con gobiernos nacionalistas en el Congreso de los Diputados fuera reducida a sus justos términos y, por otro, reformar la Constitución para, entre otros temas, establecer como competencia exclusiva del Estado la educación.

Es indubitado que el germen nacionalista se ha creado en las escuelas a través de una tergiversación de la historia común, creando un "sentimiento" catalán basado en sensaciones más que en hechos. Este sentimiento se ha ido creando desde la más tierna infancia y frente al mismo no se puede hacer prácticamente nada. Una persona se siente nacionalista o no en base a la educación recibida y a las "directrices" pedagógicas que le puedan haber inculcado. Este sentimiento es difícil que cambie en la edad adulta. De ahí que entienda que el primer problema a resolver en la crisis catalana sea el educativo mediante la "imposición" en la Constitución de la obligación de crear una conciencia nacional.