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El ruido excesivo, delito contra el medio ambiente

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Creo de interés de los lectores sepan, ahora que se acerca el período estival, que el ruido excesivo puede ser considerado un delito contra el medio ambiente. Recientemente acabamos de conocer una sentencia del Tribunal Supremo confirmando la condena impuesta por la Audiencia Provincial de Barcelona por un delito contra el medio ambiente y tres delitos de lesiones al propietario de un bar musical. La condena consistió en una pena de cinco años y seis meses de prisión.

Lo importante en estos casos es que la norma penal debe verse complementada con las ordenanzas municipales o autonómicas reguladoras del ruido; de tal forma y manera que aquellas actividades que produzcan ruido por encima de lo permitido en tales ordenanzas pueden llegar a ser constitutivas de un delito siempre que causen un daño.

El celo con el que los Tribunales han comenzado a estudiar este tema lleva hasta el punto de haber condenado a un Alcalde por un delito de prevaricación al no haber tomado las medidas pertinentes frente a una fábrica que causaba un ruido excesivo y que alarmaba al resto del vecindario.

Como dice Luis Gallardo (abogado y miembro fundador de Juristas contra el Ruido) ha sido preciso para llegar a estas condenas la prueba del convencimiento, más social que judicial, de que el ruido posee una especial trascendencia para la salud humana.

A lo largo de toda la historia el ruido ha sido siempre considerado como instrumento de tortura y ha sido analizado por todo tipo de médicos a lo largo de la historia de la humanidad. Ya los romanos prohibían el paso de carruajes por el interior de las ciudades al caer la noche. Es también famoso el asedio que las tropas norteamericanas hicieron al entonces Presidente de Panamá para que se rindiera mediante la instalación de potentes altavoces que le impedían conciliar el sueño.

Hoy en día nadie duda de que el ruido puede generar enfermedades y patologías tanto psíquicas como depresivas y se ha demostrado que agrava diversas enfermedades.

En estos casos es muy importante que se recojan pruebas sónométricas sólidas mediante la denuncia a las autoridades. Es también importante el informe médico que determine y detalle los efectos que el ruido ha podido producir en la persona en concreto. Y todo ello porque no basta la alegación genérica de que el ruido excede de los límites permitidos sino que es necesario que se acredite la producción efectiva de un daño.