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Las falacias de la democracia española II: examen crítico de la Constitución

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En el artículo inicial de esta serie realizábamos un examen crítico de la Constitución y de la organización de la democracia española fijándonos fundamentalmente en tres aspectos: a) la grandilocuente declaración del artículo uno de la constitución de que todos los poderes del Estado emanan del pueblo; b) no haber tenido en cuenta la evolución de la estructura social y c) el establecimiento de una división de poderes que realmente no están diferenciados entre sí por lo que la función de control de esta división carece de sentido alguno.

La primera afirmación de que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado no deja de ser una magnífica declaración de principios teórica que después no tiene plasmación en la regulación de las diferentes relaciones entre todos los poderes existentes en la sociedad actual. Sin embargo ha servido, sirve y servirá de pretexto para justificar cuántas tropelías quieran cometer los políticos elegidos y designados por la voluntad popular. Ejemplos de estos hemos tenido abundantemente en toda nuestra historia democrática moderna. El hecho de ser un cargo electo por el pueblo parece que justifica cualquier barbaridad que se quiera cometer precisamente por el bien del pueblo. Aún recuerdo el fuerte impacto que causó en mi mentalidad jurídica recién estrenada la ley de expropiación de Rumasa. Por aquel entonces yo estaba de Abogado del Estado Jefe en Cádiz y Jerez de la Frontera y viví en primera persona todos aquellos acontecimientos. Aún recuerdo las palabras del entonces Vicepresidente del Gobierno justificando la aberración jurídica de la expropiación en la legitimad que daba el haber sido elegido por el pueblo: un Gobierno elegido por el pueblo puede saltarse a la torera cualquier ley existente porque, como representante de dicho pueblo, es soberano para hacer lo que entienda que es necesario hacer.

El hecho de que la Constitución se dictara sin tener en cuenta la evolución de la estructura social y la desaparición de los tres poderes del siglo XIX en los que se basaba la teoría de la división de los mismos, ha dejado fuera de la misma los llamados "poderes fácticos". Y la experiencia democrática vivida al amparo de nuestra Constitución de 1978 ha demostrado que éstos poderes fácticos tienen en ocasiones incluso más poder que los llamados poderes políticos. Las referencias que encontramos son muy vagas al respecto como cuando, por ejemplo en el artículo 7 se dice que los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios. O cuando el apartado 1 del artículo 20, al referirse a los medios de comunicación, se limita a afirmar que se reconoce y protege el derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. O, finalmente cuando el artículo 38 establece que se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado.

Finalmente la inexistencia de una real división de poderes sobre todo entre el ejecutivo y el legislativo acarrea la existencia de situaciones realmente arbitrarias e injustas. Y no digamos nada del gran poder e influencia que el ejecutivo tiene sobre el judicial llegando al punto de modular o, mejor dicho, imponer el sentido de determinadas sentencias judiciales que pudieran ser contrarias a los intereses políticos del Gobierno de turno. ¿Se acuerdan ustedes de una cena entre un Ministro del Interior, un alto representante de la Policía y un Magistrado para ponerse de acuerdo sobre las actuaciones a seguir en un determinado proceso judicial? Todos los poderes del Estado juntos coordinándose para una actuación concreta lo que debe ser realmente aterrador para quien se encuentra en el punto de mira de todos esos poderes.

Por tanto, la sensación de impunidad que la elección por parte del pueblo pueda sentir el político de turno, las disfunciones de los poderes fácticos y la confusión de los tres poderes llamados políticos sin real control entre ellos, determinan la existencia de auténticos atropellos y abusos ante los que realmente estamos indefensos. La experiencia me ha demostrado que si alguien con poder quiere ir a por ti no tienes defensa alguna y si, al final la encuentras, será demasiado tarde y ya no será justa porque el daño causado no será reparado.

Si quieren hacer comentarios o aportaciones sobre este tema o bien necesitan servicios de un Despacho Abogados, no duden en contactar con Babiano Abogados.

ARTÍCULO ESCRITO POR LUIS BABIANO ÁLVAREZ DE LOS CORRALES, SOCIO FUNDADOR DE BABIANO ABOGADOS, Y PUBLICADO EN PRENSA.